Comer en silencio ft. King’s Joy
Restaurante King’s Joy en Beijing.
Llevábamos apenas unas horas en la ciudad, pero ya nos habíamos acostumbrado a la marea de decibelios. No era una sinfonía, sino un caos: sonidos inentendibles, rugido de motores, gritos de bocinas, el silbido del tren y los megáfonos que anunciaban descuentos. Esta era Beijing, la capital de un país que por siglos fue el más poblado del mundo.
Con una identidad marcada por los contrastes, donde la historia y la modernidad conviven, el corazón político y cultural de China se caracteriza por habitar entre los tradicionales hutongs* y los rascacielos vanguardistas, los majestuosos palacios y los templos ceremoniales, los carruajes silenciosos y los vehículos eléctricos, los mercados ruidosos y los salones de té.
A menos de cien metros de un templo budista, estaba este otro templo. Mientras bordeábamos el muro gris que lo separaba del bullicio urbano, no podía dejar de pensar en la Ciudad Prohibida o recordar imágenes de películas ambientadas en las cortes imperiales de la antigua China. Guiados por galerías con jardines de piedra y lámparas de papel, sentimos que nuestros pasos nos llevaban a una escena de El tigre y el dragón o a una locación de La maldición de la flor dorada.
Restaurante King’s Joy en Beijing.
Restaurante King’s Joy en Beijing.
Nuestra entrada fue solemne, un ritual estético y silencioso. El mundo exterior se alejaba mientras nos internábamos en los dominios de King's Joy, un restaurante vegetariano reconocido por su compromiso LOHAS**. El salón estaba sobriamente decorado: diseño clásico, elegancia y calma. Cada comensal en su mesa realizaba su propia ceremonia. No se trataba solo de comida, era una búsqueda filosófica y un disfrute consciente. El menú de alta cocina respondía a esta intención y no a una tendencia.
El silencio ceremonial que envolvía el lugar fue interrumpido por algo insólito. Un sonido que venía desde el centro del salón. Allí, sentada con una serenidad admirable, una mujer tocaba el arpa. Sus manos se movían sobre las cuerdas con la misma precisión con la que los cocineros tallaban los vegetales en la cocina. Ella no se movía, no interactuaba con los comensales ni con el servicio. Silenciosamente, ella era la música.
El sonido era constante, antiguo y meditativo. Esas notas largas, que podían anunciar una batalla, a veces melancólicas o muy precisas como las que acompañan un momento de traición, marcaban esta vez el ritmo meditativo del ritual de la comida. Cada ingrediente era sonido o pausa. Por primera vez, el acto de comer se transformó en un acto de escucha.
*hutongs: callejones que forman el casco antiguo de la ciudad de Beijing. Muchas de estas callejuelas fueron construidas durante las dinastías Yuan, Ming y Quing.
**LOHAS: acrónimo de Lifestyles of Health and Sustainability (estilos de vida sanos y sostenibles). Designa un segmento de mercado y una filosofía de consumo consciente y responsable con la salud y el medio ambiente.
Restaurante King’s Joy en Beijing.
King’s joy
2 Wudaoying Hu Tong, 国子监 Dongcheng, Beijing, China, 100027