¿Mercados o supermercados?

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Una colaboración de Eduardo Cobos

 

¿En qué basamos nuestra decisión al momento de comprar alimentos?


 

Para la primera mitad de la década de los cincuenta en Ecuador aún no existían los supermercados; lo más similar eran las bodegas, ubicadas generalmente en el Centro de Quito, en las cuales se vendían insumos de la higiene personal y aseo para el hogar. En el trayecto de 1960-1970 el primer y más grande supermercado –cuyo nombre no es necesario aclarar– se consolidaba como un referente del sector; de hecho, a partir de 1996 se ha posicionado año tras año entre las primeras posiciones del Ranking de Compañías por la cantidad de ingresos generados y activos que posee. Hoy en día, la corporación mantiene empresas en casi todos los sectores, desde jugueterías hasta ferreterías; la situación para los supermercados en el Ecuador es, a simple vista, un escenario de oligopolio –algunos oferentes, muchos demandantes–  pues pocas empresas mantienen el poder y control de todo el mercado.

Por otro lado, hablar sobre la historia de los mercados se me dificulta; los mismos datan desde el siglo XIX, en donde se caracterizan por ser lugares en los cuales las familias y los productores asistían para intercambiar bienes, y así poder satisfacer sus necesidades básicas. En este año se contabilizaron 54 mercados en la ciudad de Quito, ocupando diferentes zonas y caracterizándose por ciertos bienes o artículos, como, por ejemplo; los mejores mariscos se consiguen a la madrugada dentro del mercado América, las artesanías en Santa Clara o las flores en las estribaciones del Central. En este contexto, es más fácil encontrar un mercado que un supermercado en el Distrito Metropolitano de la capital ecuatoriana; dado que en las parroquias rurales y en algunas urbanas todavía no se encuentran tiendas comerciales de las grandes cadenas, pero sí se encuentran mercados, como en Pifo, Nono, Tababela, entre otros. Los mercados suponen un esquema de relacionamiento diferente en comparación a los supermercados.



Hablado ya un poco sobre el contexto, necesito contarles sobre la definición de trade-off –que no tiene traducción al castellano- que significa realizar una toma de decisión donde ganas algo y, al mismo tiempo, pierdes algo. Este concepto es importante porque cuando elegimos donde realizar las compras semanales de víveres; entre un mercado o supermercado, se consideran siempre aspectos relacionados con precios, inocuidad, comodidad, entre otros, y no puedes tener todos. Una de las más importantes diferencias que existen entre los mercados tradicionales y el “súper” es el relacionamiento que existe entre oferentes y demandantes. Cuando visitamos un supermercado es imposible regatear o conseguir algún tipo de “yapa” porque los cajeros no tienen la potestad de así hacerlo. Mientras que cuando decidimos realizar las compras en un mercado –pese a que no compramos todos los alimentos a una misma “casera”- podemos conseguir mejores precios por libra y en algunos casos incluso adquirimos ciertos productos gratis – como una mano de oritos-. Entonces, es obvio que cuando vamos a un mercado tendemos a relacionarnos más, incluso escuchamos algunos piropos; este es un tema a tener en cuenta también bajo el trade-off.

El objetivo de este texto es brindar una herramienta que facilite la toma de decisiones al momento de realizar la adquisición de víveres, basándose principalmente en el precio y en los recursos necesarios para poder adquirirlos. Básicamente nos enfocamos en el trade-off relacionado al monto destinado para hacer las compras semanales y otros factores como calidad, inocuidad o trazabilidad, que son sumamente complejos de estimar, mientras que el precio, al ser un valor nominal, es más simple, por lo tanto, fue seleccionado como motor de nuestra herramienta.

Para su construcción, los precios de los alimentos fueron elegidos de acuerdo a la composición de la canasta básica familiar y la información se levantó durante la segunda semana de junio, dentro del Mercado Iñaquito y en un supermercado –cuyo nombre tampoco es necesario mencionar-. Los precios pueden variar a medida que pase el tiempo, pues los bienes agrícolas y pecuarios tienden a variar sus costos de producción de acuerdo a la estación del año y a otros factores que no son predecibles, como las sequías o plagas y enfermedades.


¿Mercados o supermercados?

Funciona de la siguiente manera, el precio total se construye en base al valor unitario y a la cantidad que se desea adquirir de cada producto; la mayoría de los mismos se encuentran en libras, aunque hay pocos que se encuentran en otras unidades. Lo único que se debe hacer para elegir sobre una alternativa, es cambiar el peso en el cuadro referente a MERCADO, automáticamente se realiza lo mismo en el segundo cuadro (SUPERMERCADO), mientras que el tercer y último recuadro indica cual es la diferencia y el posible ahorro generado a partir de las cantidades establecidas durante el primer paso. Puedes descargar el archivo en Excel y editarlo acorde a tu cantidad de compras haciendo click aquí.

Finalmente, la decisión de donde realizar las compras de alimentos es totalmente personal, muchos factores circunstanciales influyen sobre la decisión; numerosas familias deciden realizarlas en ambos lugares, dado que prefieren la frescura y precios de algunos productos del mercado y a su vez la calidad e inocuidad de otros en el supermercado. Lo importante es que, como ecuatorianos y ecuatorianas, tenemos el privilegio de contar siempre con frutas, verduras y carnes de la más alta calidad, producidas tanto como por la agricultura familiar y campesina, y los agronegocios.

 

Sobre el autor

Eduardo Cobos (Quito, 1997) Egresado de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Enfocado en el trabajo con el sector rural y el campesinado, ha trabajado con campesinos en nueve provincias del Ecuador elaborando costos de producción y planes de negocios para productores de semilla de papa certificada. Ha realizado investigación y levantamiento de información para Ofiagro sobre la pérdida post cosecha en los eslabones de la cadena de papa. También es colaborador en redacción de artículos para la revista Gestión Digital en la sección de Análisis de Economía y Finanzas.


 
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