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Ecuador por fin se enamora del vino

Fotografía por Sarah Hone.


Diversidad de etiquetas para todos los gustos


Hace unos cinco años atrás caminaba por el barrio Las Peñas en Guayaquil y decidí hacer una parada en un conocido bar de la zona que se autodefine como un gastropub, donde además hacen (o hacían catas de vino). Me apetecía un vino blanco fresco, con buena acidez, ojeamos la carta para llevarnos la sorpresa de que no tenían muchas opciones y los precios eran más bien tirando a altos. Finalmente me decidí por una copa del Sauvignon Blanc que tenían para llevarme una decepción tremenda con la temperatura de servicio. No he regresado al sitio pero estoy segura de que han mejorado en ese aspecto y me permito el optimismo porque han pasado muchas cosas positivas en la cultura de vino en Ecuador en estos cinco años.

Por un lado, la oferta de vino en el mercado ecuatoriano que hace un lustro era bastante más reducida, ahora se ha visto diversificada. Los precios también han sufrido considerables y constantes variaciones poniendo en serios apuros a los importadores, sobre todo a los más pequeños. Los vaivenes de la política fiscal y aduanera impactaron (en su momento) directamente en la disponibilidad y costo de vinos en el país, para finalmente estabilizarse y llegar a la situación actual en la que tenemos muchas opciones de vinos argentinos, chilenos (que siempre estuvieron con nosotros) y a los que se sumaron y se siguen sumando continuamente muchas etiquetas europeas gracias al acuerdo comercial con la UE.


El tiempo también ha hecho caer muchos mitos entre los consumidores ecuatorianos, ahora se entiende que no sólo el vino tinto es el “bueno”. Según nuestras fuentes consultadas se incrementa, en estos dos últimos años, el consumo de vino espumante, vino blanco y vino rosado. El consumo per se también ha aumentado considerablemente. Asimismo en el periodo 2017 – 2019 entran al mercado nuevos pequeños importadores haciendo un aún incipiente contrapeso a los grandes negocios que tradicionalmente han dominado el panorama de importación de vinos y espirituosos en Ecuador.

A esto se suma el hecho de que los eventos relacionados con la degustacion de vino también muestran un volumen mayor de asistentes año a año, y se expanden ya por varias ciudades del país. La oferta educativa relacionada con el sector empieza también a diversificarse formando profesionales más y mejor preparados para dirigir catas o proponer cartas en bares y restaurantes. Lo mismo ocurre con blogs y publicaciones especializadas made in Ecuador que recogen y se hacen eco de las tendencias en el sector. Sin duda todo esto suma.


Fotografía por Saran Hone.


No obstante, este torbellino de buenas nuevas para el sector del vino tiene sus matices. Aún hay aspectos a mejorar y en este proceso se requiere de la participación de todos los actores, empezando por los mismos consumidores que empezarán inevitablemente a exigir un mejor servicio del vino. Con un mejor servicio nos referimos a cartas de vino más completas y variadas, precios razonables, copas adecuadas, temperaturas de servicio perfectas, conservación prolija, correlación de la selección de vinos con los platos de la carta, conocimiento por parte del personal para poder aconsejar y hablar con confianza de los vinos que ofrecen, mantener el stock, etc.

Muchos establecimientos están quedándose muy atrasados en todos estos aspectos y se nota el desfase entre su carta de bebidas con la de alimentos.

Finalmente, volviendo a nuestra postura optimista estamos convencidos de que es cuestión de tiempo, todos estos cambios ocurrirán. Cada vez hay más comensales ecuatorianos interesados en redondear sus experiencias gastronómicas con un buen maridaje, son estos winelovers de corazón los que marcarán el cambio.